¡Pájaros del mismo plumaje! . . .
uno, mal gestor de una ciudad autónoma con el mayor PBI del país, el otro,
patrón de estancia de una de las provincias más ricas de la Argentina . . .
Antes de entrar
en tema, es inevitable la referencia a un hecho que por su connotación regional
concita el repudio generalizado de propios y ajenos: El reciente
entrenamiento de los “marines” chilenos, con sus ridícula arenga belicosa nos
recuerda lo que tantas veces hemos visto en películas yankis sobre ese tipo de
payasadas. Este burdo remedo le agrega además del burlesco, una grosera
sumisión al imperialismo que en estos tiempos resulta patética . . . Doy fe.
Ahora sí, a los bifes. Uno es
responsable de lo que escribe, no de lo que algún lector entienda. Pero uno, que sabe que la lucha es cruel y es mucha, lucha y
se desangra por la fe que lo empecina . . . y aunque a esta altura ya no
entiende qué cosa le resulta más patética, si los operativos de disturbio
emocional ensayados contra el público desde la corporación multimedial de la
derecha, heredera directa del salvaje unitarismo, o la credulidad aparentemente
infinita de ciudadanos con síntomas de un alzheimer subrepticio, empecinados en
mantener vivo el fuego de una indignación inducida, si bien cada día que pasa
les acercan indicios de estar siendo víctimas de una grosera manipulación
informativa. Son
los que recurren al insulto como el mejor homenaje que le hace la prejuiciosa
mediocridad al sentido común y la inteligencia.
Gente que
pareciera que aún siguen perdidos en los tiempos pretéritos de la edad de la inocencia, a
la que han convencido de estar en garras de una dictadura cruel, ingenuos
aprovechados por hábiles timadores en maniobras de embaucamiento. Recién
llegados a la arena de la opinión política, no tienen el reflejo que da la
práctica del análisis crítico comparativo, y son fácilmente enchalecados por el
monopolio multimediático. Y también los opositores más recalcitrantes que viven regurgitando
revanchismo. Que no sólo lo hacen obnubilados por el resentimiento
propio de frustrados electores de gobiernos en fuga, sino también por egoístas
razones de intereses personales y convencidos de librar una suerte de guerra
santa a favor de los valores occidentales y cristianos, que una clerecía
medieval les sermonea desde el púlpito.
Se comen el
verso recitado por miles de medios de comunicación masiva, que el gobierno nacional es parte del eje
del mal que George Bush Jr argüía para justificar sus invasiones genocidas y
que el papa, los santos y las vírgenes temblaban en sus pedestales divinos ante
el ataque final de la horda ateo islamita. Aunque sabemos muy bien que nuestros
fundamentalistas de crucifijo, sotana y Biblia, no son para nada mejores que
los de la media luna musulmana . . .
Dios les salve la inocencia . . .
si quiere. O los rescate de su obstinada obcecación, resabio perjudicante del aciago menemato, con su
doloroso período de desvalorización y desguace no sólo del país sino también de
la cultura de la sociedad.
En ese contexto y como mascaron
de proa, aparece la apetencia desmesurada de dos “candidateables
presidenciales” que se han trepado al trampolín olímpico de la pileta electoral
siendo que esta aún no tiene agua. No obstante ya tomaron impulso para lanzarse
al espacio desde una distancia de dos años y medio vista, en que recién se
iniciará la competencia. La dupla Macri-De la Sota ya está en carrera, aunque todo indica que
será la crónica de una debacle anunciada porque ninguno de los dos querrá ser
“segundo” del otro . . .
Sugestivamente,
cada vez son menos las diferencias que estos aspirantes desnudan a diario en
los medios hegemónicos que los tienen conchabados con cama adentro y férreamente
blindados. Al pasado menemista de los últimos 20 años de los dos compinches, se
suman sus enunciados discursivos -uno de ellos ininteligible-, a tono con el mejor estilo imperante durante la segunda
década infame, el apego a la orgía privatizadora y, por sobre todo, el fogoneo
y el apoyo desmesurado de la prensa de alcance masivo -que le oculta a Macri su
carácter de procesado- y de las corporaciones económicas para instalarlos como
alternativa de gobierno.
De Macri es público y notorio su pertenencia a uno de los grupos oligopólicos
más poderosos, y al mismo tiempo más favorecidos por la dictadura
cívico-militar y las políticas de Menem-Cavallo de los 90. Su desastrosa
gestión de gobierno en la
Capital, -la ciudad con el PBI más alto del país- ratifica su
retardataria propuesta y lo expone como lo que se podría llamar: “la derecha
económica, conservadora y neoliberal, atendida por sus propios dueños”.
El gobernador de Córdoba, -una de las provincias más ricas de la Argentina- creador e
impulsor del nefasto Domingo Cavallo a la política, apuntaló las decisiones
privatizadoras y entreguistas de Menem. Estuvo a punto de rematar EPEC y el
Banco de Córdoba. De allí que algunos lo llaman “menemista tardío” y también
“Aguad con quincho”. Usufructuando despóticamente las herramientas políticas
que le da el control absolutista del aparato del PJ cordobés, al que está
atornillado desde hace más de 20 años, sin permitir la renovación de
autoridades ni elecciones internas, se ha lanzado sin fijarse en gastos ni costos
a jugar su última chance en su berretín por alcanzar la presidencia del país.
Con el aval de los grandes medios, de los sectores económicos más concentrados,
de los que la Fundación Mediterránea
es el verdadero poder en las sombras, digitando la política económica de la
provincia desde hace más de 35 años, y con el acuerdo no explícito pero sí
implícito de una UCR cada día más cerca de las conservadoras ideas
“cordobesistas” de derecha y muy lejos de sus orígenes populares y nacionales.
Si se observan los rasgos determinantes de las gestiones de ambos, se apreciará
que, más allá de sus colores partidarios, entre ellos son mayores los sinónimos
que los antónimos. Por eso Macri pidió internas abiertas con De la Sota. Y uno de los
aspectos principales son las políticas impositivas regresivas, el apoyo y
subsidios a los grandes grupos económicos en detrimento de pymes y sectores
populares y por supuesto, la represión a la protesta social. En esto surge un
tercero y no en discordia precisamente: el intendente radical Mestre, que lo
muestra adicto a los dogmas neoliberales de ajustes salvajes, tarifazos e
inequidad tributaria.
Los une también, y no el amor ciertamente, su furibundo rol opositor a las
políticas del Gobierno nacional, sin dudar en aliarse con el monopolio Clarín, la Sociedad Rural, la Mesa de Enlace, lo peor de la
dirigencia sindical, o con mediáticos personajes de la farándula, apelando a lo
que venga con tal de posicionarse y permanecer en la tapa y las pantallas de
los grandes medios nacionales. Tampoco escatiman recursos económicos ni medidas
que afecten a las mayorías. De hecho, los impuestazos de Macri en el ABL
porteño; Ingresos Brutos y Sellos; los tarifazos al Subte; la prohibición de
instalar Tecnópolis y su intrínseca ineptitud van del brazo con la Tasa Vial de De la Sota en Córdoba, que llevó
los combustibles a ser los más caros del país, igual que la energía y el
transporte; la suba de la base imponible y el impuesto inmobiliario urbano que
va del 30 al 200%, mientras que estos ítems para el campo siguen en el freezer
desde hace 14 años. Eso sí, en compensación les ha pedido “una colaboración”.
Los ajustes a jubilados y el grosero favoritismo sojeril, que le ha valido el
mote de “Hood Robin”; el desguace de la salud pública; la clausura revanchista
de cinco antenas de TV digital gratuita por “el impacto ambiental” -siendo que
en la provincia hay 1500 iguales para distintos servicios-, perjudicando a 500
mil beneficiarios. ¿Desde cuándo a De la Sota le importa el medio ambiente?. ¿Se imaginan
a Cristina clausurando una antena de Cablevisión? . . .
Esta
politiquería barata pero elevada a la enésima vergüenza, da una clara idea
acerca de lo que podría ser el país gobernado por cualquiera de estos dos
“progresistas”. De sólo pensarlo, -como
dice el tango- “Dan ganas de balearse en
un rincón”.
Lo preocupante de este juego de los parecidos, es que tanto la sociedad
porteña como la cordobesa parecen adormiladas. Incluso desde las dirigencias
gremiales, tanto de trabajadores como patronales, no se escuchan voces
cuestionadoras de este perverso sainete. En este sentido, es sorprendente
también que desde los directorios de las principales cámaras empresarias,
siempre muy preocupadas por la competitividad, no se hayan opuesto a que la
provincia de Córdoba se haya convertido en la más cara del país.
Los responsables de las Pymes y de las
industrias nacionales que se han beneficiado con la recuperación de sus
empresas en estos últimos diez años de la mano de políticas activas con un
Estado presente, que defiende el trabajo argentino, con un mercado interno
fortalecido, revirtiendo los efectos destructivos de los 90 y de la actual
crisis mundial, hasta ahora, permanecen pasivos frente a los abusos,
despropósitos y mala praxis de estos depredadores que no son otra cosa que
intentos de restauración de lo peor de las políticas neoliberales, de ajustes
salvajes, privatización, endeudamiento, represión y entrega que ya supimos padecer.
Más allá de las críticas sobre aspectos del actual modelo político nacional, no
quepa duda alguna que todo lo que hay para corregir, así como todo lo que aún
falta, está en este camino que hoy se está recorriendo. Lo otro es la vuelta a
un tenebroso pasado que nadie en su sano juicio puede permitir.
Ahí está la
razón del apoyo de la mayoría de los argentinos a este Proyecto Nacional,
Popular y Democrático. Lo hacen porque -más allá de sus convicciones políticas-
los asalta la más primaria reacción de la especie humana ante el peligro: el
instinto de conservación .
Laborde. Córdoba. Argentina