
sábado, 20 de octubre de 2012
viernes, 19 de octubre de 2012
Aborto no punible . . . ¿herejía o sentido común? Por Delsio Evar Gamboa
“Los políticos pueden aplicar la
pena de muerte, pero jamás autorizar el aborto”
Cardenal Joseph Ratzinger (*)
El dramático caso de una joven mujer, víctima de la
aberrante trata, violada y embarazada en cautiverio, y hecho público por la
consabida irresponsabilidad de Mauricio Macri que se la sirvió en bandeja a la
persecuta cavernaria del fundamentalismo religioso, hizo que fuera pasto de
esas fieras que la patotearon dentro del Hospital Ramos Mejía y escracharan la
casa de sus padres que desconocían su drama, y dio lugar a que una de esas
asociaciones ilícitas, mediante un recurso de amparo impidiera la intervención
que autoriza el art. 86 del Código Penal que, a resultas de la acordada de la
Corte Suprema, sienta jurisprudencia para evitar la judicialización de los
abortos no punibles. Con lo que la desdichada mujer padeció un doble calvario,
esta vez por obra y gracia de los que
“apuestan a la vida”. . .
Si estos modernos inquisidores se autodefinen “Pro
vida”. ¿Habrá que desconfiar de todo lo
que empiece con PRO?
Felizmente y dando una nueva muestra de su solvencia y
ecuanimidad, el Supremo Tribunal puso las cosas en su lugar y ordenó llevar a
cabo la práctica prevista.
Ahora bien, sabido es que en la Argentina se practican
mas de 700 mil abortos clandestinos por año con un altísimo índice de muertes.
Eso hace potenciar el crucial interrogante que es el meollo de esta verdadera
problemática social: ¿Cuándo comienza la vida de un ser humano?
La Ciencia dice
que la fecundación se produce al unirse el óvulo y el espermatozoide, pero sólo
una semana después acontece la “nidación” del huevo -luego que casi todos estos
mueren, pues son abortivos de por
sí-. Sobre ese punto, el prestigioso
genetista James Neel ha escrito: “No resisto el indicar que un embrión posee
aberturas branquiales y cola. ¿Qué humano es así?. Ernest Haeckel,
especialista en Embriología y Biología Evolutiva, asegura: “Primero parecemos peces, más tarde reptiles y sólo mucho más adelante,
mamíferos”.
Por la genética
se sabe que un embrión de 60 días, es más diferente de uno de 150, que lo que
lo es un lactante de un anciano. Helen Kaplan en “El sentido del sexo” dice:
“Muchos colegas creen con la misma rotundidad e integridad moral, que un óvulo
fertilizado o un pequeño embrión no es todavía un ser humano, pues se trata de
una masa informe de células y tejidos que carece de conciencia y no siente
dolor físico cuando se interrumpe el embarazo”.
¿Por qué
entonces la Iglesia asegura que hay vida humana “desde la concepción?”
El Concilio Vaticano de Viena
-1312- sostuvo que el alma del varón se forma a los 30 días, y el de la mujer a
los 90 desde la implantación del óvulo.
Hasta esos plazos se permitía abortar. Sería muy interesante saber con qué
fundamentos establecieron tan discriminante postulado. En cambio, a partir 1869 la Iglesia afirma que el feto tiene alma
desde su inicio y lo respalda por medio de la teología: la virgen María
fue inmune de todo pecado desde la concepción, porque Jesús siempre tuvo alma . . .
No está mal que
algunos fervorosos creyentes puedan aceptar esto como verdad de fe. ¿Pero se
podría presentar en un tribunal académico como verdad científica?
Las imágenes publicitadas en
contra del aborto apelan a “golpes bajos”: embriones destrozados y fetos martirizados. Tales imágenes no exageran:
el aborto es un acto brutal, más, lo real y concreto es que pese a ser ilegal,
existe y cada día más se practica, con lo que se demuestra fehacientemente el
fracaso absoluto de esa legislación represiva.
¿Pero, por qué
no se muestra también cómo llega una mujer, sola y desesperada a la asistencia
pública con una devoradora infección post-aborto clandestino? El cuadro puede
incluir fiebre, hemorragia, coma, pánico por la denuncia policial, embolia,
sentimiento de culpa, vergüenza y una
inenarrable serie de padecimientos.
El aborto, que hoy alcanza el 40% de los embarazos,
como cualquier tragedia, es terrible, ¡Pero
sucede! . . Es la primera causa de muerte en nuestra ginecología,
y representa más del 31% de los decesos por maternidad. El sentido común indica entonces ya que es algo inevitable, que
no se está a favor del aborto, sólo por una cuestión de “liberalidad sexual”,
para que la mujer “por deporte” se saque de adentro un feto -no un niño, porque
además no tiene vida propia- como quien se saca una cana y vuelva alegremente
otra vez a las andadas, sino para que se realice en indispensables condiciones
sanitarias como corresponde y dentro de un marco legal. Por supuesto que ello requiere la vigencia de una verdadera
política de Estado que contemple en forma integral, todos los aspectos de esta
acuciante problemática.
Su
despenalización a la vez, pondría fin a
una perversa actividad que ha enriquecido a más de un profesional inescrupuloso. Asimismo, luego de una charla con el
médico y un especialista en la materia dentro de un ámbito de contención, se
podrían preservar muchos embarazos y la vida de la gestante. Ello propendería además, a una racional planificación familiar, y
en última instancia a una mejor salud sexual. ¿Es tan herético este proyecto
que ninguna purgación canónica no deja de expurgarlo?
Al respecto, dicen los
representantes de la Iglesia: “Si la ley legaliza, ¿cuántas mujeres
alegarán que fueron violadas para poder abortar?”. ¡Sin comentario! . .
Y hay jueces “virtuosos”,
-como la jueza que vimos en este caso- acólitos de estos grupos recalcitrantes,
que imponen sus creencias por encima de la ley, judicializando pedidos de
aborto de mujeres violadas, basándose en consideraciones de Jean Rostand, -biólogo,
no genetista- conocido por obras de divulgación de la era pregenética fundadas
en ortodoxos criterios de la Iglesia Católica que se imponen a toda la
sociedad por igual. Muchos
magistrados deberían asumir que deben impartir justicia para todos y no para los
seguidores de un culto.
¿Por qué la Iglesia se arroga el derecho de
inmiscuirse y juzgar la vida civil? ¿Y si esas mujeres en cuestión no fueran
católicas? ¿Por qué tanta gente que no le interesa ningún tipo de religión,
pero que tiene firmes principios morales y convicciones filosóficas alejadas de
creencias religiosas, debe acatar las imposiciones de un dogma que no profesa? . .
¿Por qué los antiabortistas, como los ultra católicos
“Portal de Belén”; “Mujeres por la vida”; “La Sagrada Familia de
Córdoba”; “Grupo Pro-vida y tantos otros ultramontanos, patéticos campeones de
la fe, y últimos ejemplares de una beatuquería en extinción, rechazan la educación sexual y
los métodos anticonceptivos, viendo a la mujer únicamente como mero agente reproductor de la especie? ¿Cómo estos intolerantes que abominan
del aborto, que es la consecuencia inevitable del embarazo no querido, pueden
condenar los métodos anticonceptivos que son el único remedio efectivo para
evitarlo?
Entre
las miles de mujeres que recurren al aborto en forma clandestina con riesgo de
vida, -en su gran mayoría muy pobres- ¿no hay católicas? En las clases altas y
acomodadas, creyentes, de profusa y asperjada comunión dominical, ¿no se
practican abortos ilegales? ¿O lo hacen solamente las de clase baja?
¿Por
qué muchos enemigos del aborto -Benedicto XVI dixit- abogan por la pena de
muerte y juran estar a favor de la vida?
El aborto
eugenésico -interrupción del embarazo cuando el
feto presenta alteraciones cromosómicas y defectos congénitos-, aprobado
en 1921 por el gobierno de Irigoyen, fue derogado 37 años más tarde por la
“Revolución Libertadora”. ¿Quién
propuso su anulación? ¿La
Academia de Medicina y Humanidades? ¡No! . . lo decidieron entre el
Ejército y la Iglesia.
¡Qué raro ellos de acuerdo, ¿no?!
Ante esta absurda situación ¿Por qué no existe de una
buena vez, como en los países avanzados del mundo, la imprescindible y sana
división entre Iglesia y Estado, para acabar de una vez con esa intromisión
inaceptable?
Felizmente el actual gobierno,
sobre esta cuestión tiene un criterio muy diferente y atiende el decidido
clamor de una gran parte de la ciudadanía por un amplio debate nacional acerca
de este impostergable tema. Por lo
pronto, -entre otras medidas- puso en vigencia la ley de salud reproductiva que
ha bajado considerablemente los índices de abortos. Pero, como no podía ser de otra manera, ello ha erizado la muy
susceptible epidermis de nuestra impoluta clerecía, ahondando aún más si cabe,
la indisimulable antipatía que devotamente le profesa.
Conclusión:
la planificación familiar en sus aspectos humanos y legales ya no puede tener
más dilaciones. Por más presiones eclesiásticas que acechen, por más excomuniones
e infiernos que profeticen y por más amenazas
y escraches que lleven a cabo sus grupos de choque, -aunque “defiendan la
vida”- es hora de que por sobre las sombras del dogmatismo retrógrado, empiecen
a prevalecer la luz del libre albedrío, la libertad de conciencia y el sentido
común.
Quede en claro que el análisis
de su realidad teológica de misterio, sólo corresponde a los creyentes y merece
el mayor respeto. No así en cambio, su comportamiento como “realidad sociológica de pueblo concreto en
un mundo concreto” según los términos de la propia Conferencia Episcopal
Argentina. Y se la cuestiona por
su influencia inaceptable en los asuntos de Estado. Dando plena razón a
aquellos que sostienen que en nuestro país realmente existe libertad religiosa
. . . ¡Pero para un solo culto! . .
Mientras, y hasta tanto no se
de una respuesta definitiva, -obviando las presiones que ya conocemos- a este
reclamo imperioso que nos coloque en este sentido a la altura de los países
civilizados del mundo -en Escandinavia se despenalizó y el aborto cayó a cero- parece
que no nos queda otra alternativa que vivir bajo la beatífica advocación de
nuestros píos purpurados que tanto se desviven por mantenernos puros y castos,
nos bendicen, no nos dejan caer en la tentación y por si esto fuera poco, nos
libran de todo mal . . .
(*)) Revista “ñ” Sup. Cult. Nº 85. Clarín
Laborde.
Cba. Arg.
sábado, 13 de octubre de 2012
Las cacerolas no ganan elecciones. Por Delsio Evar Gamboa
La Democracia no garantiza por sí misma una exitosa gestión de
gobierno. Simplemente otorga las herramientas para una buena administración. Si
quienes tienen que llevarla a cabo no lo saben hacer y fracasan . . . ¡No es
culpa de la Democracia!.
Opinión DelsioEvarGamboa
Generalmente quien mucho sabe comunica más fácil que
el que tiene menos formación. Y eso se da con mucha mayor frecuencia en la
política, donde aquellos dirigentes con más capacidad comunicativa se expresan
con mucha más claridad que otros que carecen de ella. Este el caso de Mauricio
Macri, que además de farfullar de corrido, tiene serios problemas para hilvanar
una frase. Todo lo contrario se da con la Presidenta. Dueña
de una brillante rotundidad dialéctica, donde su oratoria despliega erudición,
memoria prodigiosa y una construcción sintáctica impecable. Algo que lució en
el breve concepto que le dedicó por ejemplo a los caceroleros protestones, en
una clase magistral de cómo expresar con pocas palabras un pensamiento
profundo:
“A todos les propongo que cada uno exprese sus ideas,
que encuentren a los dirigentes que pueden expresárselas y que no se enojen con
nosotros por no expresar sus ideas, porque no las tenemos”
A esta demostración de síntesis comunicacional no hay
mucho más que agregarle. En consecuencia y en ese contexto, aquellos que están
disconformes tienen todo el derecho a manifestar su desacuerdo, pero no a
exigirle al gobierno que piense como ellos. Que además por haber sido ratificado
por más del 54 % del electorado, tiene la facultad de llevar adelante un
proyecto político que ha sido plebiscitado y que le ha valido esa contundente ratificación.
Quienes disienten tienen todos los instrumentos que la democracia les permite
para organizarse, darse sus propios programas de gobierno y designar a los dirigentes
que los pondrán en práctica. Si continúan con sus conciertos tefloneros, más
tarde o más temprano tendrán que proponer un proyecto, muy probablemente de
centro-derecha, o directamente de derecha explícita, a tenor de sus rabiosas
expresiones, y salir a exponerlo para que la ciudadanía lo evalúe. ¿Quieren
volver a la “libertad de mercado” donde impera la ley del más fuerte? Está en
sus atribuciones hacerlo, pues entonces, si son tantos como dicen . . .
¡Organícense!
En principio, no
importa la “cantidad” de gente para el análisis. Sabemos que hay un núcleo duro
que es importante en cantidad y que es el que está tan enojado con el Gobierno.
No es “mayoría” pero es significativo en cantidad.
Ocurrió lo mismo, por ejemplo, con Hugo Moyano y su
Plaza de Mayo. No importa cuánta gente llevó. Son bastantes y deberían -por
todos los beneficios recibidos- ser todos “votantes kirchneristas”. Si hoy no
lo son, esto debe ser motivo de un análisis político, no “contable”.
Un punto a considerar respecto de la constitución de un
espacio organizado de derecha, es que la particular historia de nuestro país
consta de episodios sobrados en los cuales la derecha llegó al poder entrando siempre
por la ventana: ya sea por los golpes de estado, o por el viraje de 180 grados
que hizo Ménem porque, entre la promesa de revolución productiva y salariazo, a
la adhesión fervorosa al perverso neoliberalismo, muy poco tiempo medió. Nadie
quiere ser la nueva UCD de Don Alvaro, que nunca ganó nada. Nadie se bancaría
el escarnio que supone un lugar en el fondo de la tabla electoral.
Macri -el vetador serial- dice que privatizaría YPF y
anularía la Asignación
por hijo, como una explícita confesión de su analfabetismo político. De La Sota se saca fotos con él
pero aclara las “diferencias ideológicas” que tienen (¿?) . . . Lo cierto es
que nadie nunca en la
Argentina ganó una elección desde la derecha. De ahí que un programa
“dólares y represión” sumaría menos
votos que “Apocalipsis” Carrió.
La derecha en argentina jamás tuvo una impronta política masiva. Nunca fue populista. Fue y es elitista, apolítica y conservadora, pero tuvo siempre un enorme poder para defender a los poderosos, que por su naturaleza son muy pocos pero tienen mucho poder. La única excepción fue el menemismo, convertido en lo peor del Peronismo de Derecha que sobrevivió por descarte, luego que los militares se quemaron, el radicalismo renunció, etc. Desde entonces, la derecha argentina no tiene ninguna estrategia legal para recuperar el poder, eso sí, por izquierda y en las sombras tiene muchas. Como la rebelión de la derecha sojera patronal o la disputa Gobierno-Clarin, que fueron y son intentos de volver al pasado y establecer una nueva hegemonía, que por el momento no les sale.
Para resumir: si la derecha no tiene un partido hoy, es porque durante el siglo XX no lo necesitó para gobernar, siempre lo logró por los cuartelazos, Menemazos y De la Ruazos.
La derecha en argentina jamás tuvo una impronta política masiva. Nunca fue populista. Fue y es elitista, apolítica y conservadora, pero tuvo siempre un enorme poder para defender a los poderosos, que por su naturaleza son muy pocos pero tienen mucho poder. La única excepción fue el menemismo, convertido en lo peor del Peronismo de Derecha que sobrevivió por descarte, luego que los militares se quemaron, el radicalismo renunció, etc. Desde entonces, la derecha argentina no tiene ninguna estrategia legal para recuperar el poder, eso sí, por izquierda y en las sombras tiene muchas. Como la rebelión de la derecha sojera patronal o la disputa Gobierno-Clarin, que fueron y son intentos de volver al pasado y establecer una nueva hegemonía, que por el momento no les sale.
Para resumir: si la derecha no tiene un partido hoy, es porque durante el siglo XX no lo necesitó para gobernar, siempre lo logró por los cuartelazos, Menemazos y De la Ruazos.
Ante la falta de representación, estos sectores deberían
generar sus propios cuadros políticos que los representen. De hecho ya lo están
intentando. Hay que reconocer que todavía no les sale muy bien. Son muchos años
de imponer por la fuerza sus pretensiones, se supone que con años de ejercicio
democrático irán aprendiendo. Esperemos que no lo logren nunca.
Se
puede decir sin temor a equivocarse que el kirchnerismo se siente orgulloso de
haber sincerado al peronismo. En sus filas no hay un sólo representante de la
derecha peronista que hace tiempo ha quedado reducida a la mínima expresión y
no representa a nadie.
La necesidad de los sectores medios urbanos de “hacer
política por mano propia” es más que nada un fracaso de la dirigencia política
opositora. Esta gente busca una representación. Es un electorado traído por la
cigüeña que anda tras un candidato y todo indica que no lo puede hallar.
Es preocupante cuando se amontona mucha gente sin
representación porque andan como chata sin lanza y pueden salir para cualquier
lado. Odian a los que piensan distinto y se enojan con aquellos que los dejan
solos, desnudos y a los gritos.
La única estrategia posible es la determinación
política en serio. Es decir: decidirse a ser de derecha sin ningún tipo de
vergüencita, lo cual, en la
Argentina de hoy no sirve para ganar, pero sí para acumular
una cierta cantidad de votos conservadores. Aunque esto implica, por ejemplo,
dejar de lado las dos consignas principales que quieren hoy: “no a la
re-reelección” -porque saben que no tendrían ninguna chance-, y “contra la
inseguridad”, que es la chicana de la derecha. Y en lugar de eso animarse a
expresar lo que muchos no se animan: una agenda neoliberal. Esto es, que
quieren dólares; que no quieren controles del Estado; que no quieren empresas
del Estado, que no están de acuerdo con la no represión de la protesta social;
que no están de acuerdo con una política de seguridad “blanda”; que quieren
acabar con la
Asignación Universal “para fornicar”; tampoco con los nuevos
jubilados de la moratoria provisional; ni que los salarios en la Argentina sean los más
altos de Sudamérica; ni netbooks para los alumnos de escuelas públicas. Ellos
que, a diferencia del 2001, cuando se juntaron con “los de abajo; porque tenían
“miedo de caer”, hoy tienen miedo a que “la negrada” se le suba muy arriba . .
.
En cambio, del otro lado, la gran mayoría exige a los
que salen “a cacerolear” con tanta furia descontrolada, además de sus
inconsistentes reclamos, que no hablen más de generalidades. Eso de los “países
serios”, de “calidad institucional”, de “crispación, de “falta de libertad”,
basta de “gasto social”, de Derechos Humanos y por más “diálogo y consenso”
mientras piden la muerte de la
Presidenta, es una chicana muy burda.
La falta de encuadramiento político de los caceroleros, -al
menos porteños- es una falencia que no les posibilita ir más allá de su
territorio capitalino. Tienen a su favor todos los “atributos” de la agenda de
la derecha, pero no quieren asumir el riesgo que políticamente eso implica.
Por supuesto, no van a ganar en la primera vuelta.
Pero pueden acumular una cantidad interesante de votos y “quedar en las
gateras” para cuando algún día el péndulo de otro tiempo -que ojala no llegue
nunca- largue una carrera que les de
posibilidades.
Mucha gente, entre la que este escribidor se cuenta, que
disfruta como nunca de un alto estado de bienestar y de una maravillosa
libertad, tratará de impedirlo a como dé
lugar. De eso, se está más que seguro porque, como dice el poema: “después de haber bebido el néctar de tus
labios, ya no podré vivir sin ese beso . . .”
Laborde. Cba. Arg.
sábado, 6 de octubre de 2012
“CIENCIA y TECNOLOGÍA en el Proyecto NACIONAL Y POPULAR”
Con el eje “CIENCIA y
TECNOLOGÍA en el Proyecto NACIONAL Y POPULAR” la CANPO junto a la Municipalidad
de Camilo Aldao convocan al ENCUENTRO
NACIONAL que se realizará el Sábado
13 de Octubre de 09:00hs a 13:30hs. en el Gimnasio Deportivo “Juventud Unida” de Camilo Aldao depto. Marcos Juárez.
Entre los disertantes de este encuentro estarán presente Agustín Rossi (Diputado Nacional FPV) Aldo Casella (Prof de Derecho Agrario
en la UNN), y Guillermo Martini (RENATEA)
Convocamos a los trabajadores, productores, profesionales,
instituciones y organizaciones sociales y políticas, intelectuales y sindicales
a participar de los paneles y mesas de discusión para el análisis y las
propuestas.
Los esperamos y aprovechamos la oportunidad para saludarlos atentamente.
CANPO -CAMILO ALDAO
viernes, 5 de octubre de 2012
Qué son crímenes de Lesa Humanidad . . Por Delsio Evar Gamboa
Los Derechos Humanos no son derechos individuales, son derechos
políticos generales.
Los crímenes contra la humanidad son cometidos en el marco de una acción masiva o sistemática, dirigida, organizada o tolerada por el poder del Estado.
La
marcha del próximo 10 de Octubre, convocada por el peronismo federal para
reclamar la reapertura de la causa por el asesinato de José Rucci, en 1973, adjudicada
a los Montoneros, reaviva la discusión. El mes pasado, el juez Ariel Lijo
decidió archivar la causa al establecer que no se trataba de un crimen de lesa
humanidad y que, por consiguiente, había prescripto. Parece redundante, pero,
-dado que aún hay algunos que opinan sin saber- nunca está demás insistir sobre
este tema.
Al
respecto, la decisión de un juez federal de Rosario hace ya un tiempo, de
tipificar el crimen del coronel Larrabure a manos del ERP -Ejército
Revolucionario del Pueblo- en la década del ’70 como de Lesa Humanidad, generó en
su momento una fuerte polémica y movió a los Organismos de Derechos Humanos a
presentar ante la Justicia un recurso de apelación a dicho dictamen.
El
hecho en cuestión sucedió tras el ataque y copamiento por comandos de ese grupo
guerrillero
de
la Fábrica
militar de pólvora y explosivos de Villa Maria, que funcionaba como Campo de
Concentración bajo jurisdicción del 3º Cuerpo de Ejército y del poder omnímodo
de Luciano Benjamín Menéndez, -que hoy colecciona condenas a perpetuidad por
genocidio- y de donde Larrabure era Jefe.
Centro
de detención clandestino éste, -permítaseme la digresión- que tuve el
infortunio de conocer y padecer por haber sido un detenido-desaparecido más de
la dictadura en 1976, apenas un tiempo después de aquel episodio.
Luego
del asalto y como consecuencia del mismo, el militar es hecho prisionero por la
formación atacante y recluido en una de las llamadas “Cárcel del Pueblo”.
Según
la prensa del Proceso dictatorial de entonces, el prisionero fue sometido a un
largo, penoso y humillante cautiverio, hasta que fue cruelmente asesinado, por
lo que la opinión pública ante tal revelación condenó el hecho, más allá de que
la víctima fuera integrante y representaba a un Ejército que al poco tiempo
violaría una vez más la
Constitución, asaltando el Poder y sumiendo a los argentinos
en el terror. Y por si esto fuera poco, ese mismo gobierno usurpador después se
cargó 30 mil desaparecidos, hipotecó el país de por vida y lo llevo a una guerra
absurda. En ese orden y sin dejar nada librado al azar.
Caída
que fue la tiranía y resucitada la libertad de expresión, salió a la luz otra
versión sobre lo ocurrido, revelada por prisioneros que compartieron el
encierro con el militar. René Vicari, uno de los detenidos en el mismo lugar
que Larrabure, manifestó que nunca fueron maltratados, al contrario, los
atendían bien, hasta les daban cigarrillos, y que siempre estuvieron pendientes
para lo que necesitaban. Por supuesto -acota- “Si estás detenido o secuestrado no podés decir que lo estás pasando
bien. No había Síndrome de Estocolmo, pero el trato siempre fue respetuoso”.
Vicari, -que posteriormente fuera liberado- dijo que escuchaba a Larrabure en
la celda de al lado cantar el himno, que un día oyó movimientos y mucha
preocupación, y después se enteró que Larrabure se había suicidado. Evidentemente
fue un descuido, ya que la orden era cuidarlo porque lo iban a liberar,
declaró. Sabían que estaba muy deprimido, -continúa- y se descuidaron. “A Larrabure no lo mataron, fue un suicidio”.
Esas son las dos versiones sobre el mismo hecho.
Con
ese fallo se pretendió, -en lo esencial- equiparar los crímenes perpetrados
desde el Estado con los cometidos por los grupos civiles que se alzaron en
armas para la liberación del país, invadido por sus propias Fuerzas Armadas.
Ahora,
lo que se juzgó en los últimos juicios -con todas las garantías, a pesar de la resistencia feroz de la derecha y de los multimedios
monopólicos de comunicación ligados a la dictadura- no sólo es la participación
directa de los genocidas en el exterminio, sino también la responsabilidad del
Estado argentino en crímenes de Lesa Humanidad, que son los cometidos desde el mismo
Estado. El sujeto activo es el funcionario que lo comete y la víctima es la
población civil. El Estado no puede actuar como una fuerza miliciana
anarquizada, sin más ley que la brutalidad de las armas como si fuera una banda
terrorista. Un Estado de derecho está para aplicar la Justicia según las leyes y no
debe excusar a los que en su nombre cometen los más aberrantes crímenes,
elevando la crueldad a la cima del horror. No puede terminar con el caníbal,
comiéndoselo.
El
concepto debe quedar muy claro: los
crímenes de Lesa Humanidad son los que se cometen desde el Estado. El término
Lesa significa “herida”, “daño”, “agravio”. De modo que cuando se dice “Lesa Humanidad”
se está diciendo que ese Estado, con sus crímenes, ha herido a la humanidad, la
ha dañado, la ha agraviado. Esos delitos están encuadrados dentro de la Declaración Universal
de los Derechos Humanos por resolución 217 de las Naciones Unidas en la Asamblea General en París, el 13 de Diciembre de
1948, que establece que debe ser el Estado mismo por medio de la Justicia, quien
juzgue los crímenes que un gobierno haya cometido. Por eso no tiene fundamento
jurídico hablar de los “Derechos Humanos” de cualquier persona abatida por un
delincuente, porque no es un crimen político que ejecuta un gobierno. El crimen
de un particular debe ser juzgado como tal por la justicia ordinaria. Esa es
precisamente la diferencia fundamental entre una situación y la otra.
Las
organizaciones de derechos humanos no intervienen en casos particulares. Su
razón de ser es la defensa de los ciudadanos ante los crímenes y los excesos
que comete un Estado.
Por
lo tanto, el recurso de apelación se basó en que no corresponde esa
calificación, porque si fuera un crimen -no un suicidio- el de Larrabure, no
fue a manos del Estado sino de simples particulares, hayan tenido el motivo que
tuvieran. Esto lo confirman todos los comunicados públicos y las actas de uso interno de las
FFAA de entonces, donde nunca se le dio -como sí lo hacen vehementemente ahora-
carácter beligerante a las acciones de la guerrilla, es decir, de guerra, porque
tal aceptación era reconocerle status de pares a sus contendientes y admitir
que eran un cuasi Estado que representaba a una porción de la población civil
que en tal caso tendrían a su cargo, y con ello el gobierno militar debería
someterse a las disposiciones que para
la guerra, impone la
Convención de Ginebra, de la que nuestro país es signatario, con
lo que no habría podido llevar a cabo el genocidio sistemático que practicó
como política de Estado sin sufrir la dura condena de ese Organismo
internacional. De allí su recurrencia entonces al calificativo permanente de
“Subversivos”, o “Grupo de delincuentes”.
Tal
es la actual situación de las FARC. de Colombia, y son las mismas razones por
las cuales el gobierno de aquel país no las reconoce como beligerantes, por el temor a la sanción internacional por sus
acciones para-oficiales fuera del marco de la ley.
Esa
fue la principal causal de apelación, porque los Organismos de Derechos Humanos
entienden que tales acciones al no ser reconocidas como beligerantes, deben
pasar a la órbita de la justicia ordinaria como delitos comunes -que tienen
prescripción- y no como crímenes de Lesa Humanidad, -que no prescriben- y que,
como hemos reiterado, son los cometidos por el Estado -aún estando en manos de
usurpadores como lo estuvo- o por organismos que dependan del mismo.
Es
en este punto donde se reaviva la discusión sobre si deben tener igual status
jurídico las víctimas de grupos que luchan contra los que asaltan el Poder y
las de aquellos que lo detentan violando la Constitución y las
leyes como un ejército de ocupación. De ser así, en Italia y en Francia, por
ejemplo, los nazis que invadieron y sojuzgaron esos países y que fueron muertos
por la Resistencia
-Partisanos y Maquis- tendrían el mismo reconocimiento que las de los
invadidos.
Y
allí entra en acción el sentido común -aunque sea el menos común de los
sentidos- al preguntar: ¿Desde
cuándo se pesan en la misma balanza víctimas y victimarios?
Laborde.
Cba. Arg.
martes, 2 de octubre de 2012
Incondicional...
Nunca puse condiciones.
Estoy acá y allá, con éste y con aquél...

(clic sobre las fotos para ampliar)
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Estoy acá y allá, con éste y con aquél...
(clic sobre las fotos para ampliar)
Hasta dónde es
real y genuina la nueva era en la gestión del armado del kirchnerismo cordobés
–háblese de Unidos y Organizados o demás movidas así- cuando este Sr. concejal, Martinelli,
relata públicamente un acuerdo del Partido de la Victoria y con De la Sota para
“encajar” un puesto en la legislatura para Hubert (ex candidato del FpV), de la mano de Alesandri? Quiénes dialogaron en tal acuerdo? Con qué fines?
¿Seguiremos observando cómo las decisiones pasan por fuera de las
organizaciones y los militantes?
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